26/01/2019 ¿Y tú, qué opinas?

En nuestro programa de hoy:

A debate la accesibilidad, con una entrevista telefónica muy interesante a Pablo, arquitecto experto en accesibilidad.

Hemos tenido la visita de nuestro compañero Javier, de Radio Vallekas. Muy agradable y muy enriquecedora. Un saludo, amigo!!!

En cultura hemos hablado de música y, en concreto, de la banda Queen, con el mítico Freddie Mercury. Hay leyendas que van creciendo con el pasar del tiempo. Y esta es una de ellas!!! 🙂

Y nuestras secciones habituales de videojuegos, deportes y el tiempo.

Escucha nuestro programa en el siguiente enlace 🙂

Nuestro programa

FUTURO HOSTIL

Resoplando y con la cara enrojecida, Zeo Zagart entró en la última sala del largo pasillo, abrió y cerró las puertas externa e interna hasta llegar a la sala sin cámaras, a pesar de todo apagó todas la luces, pues nunca estaba seguro de que no lo estuvieran vigilando.

Hacía muchísimo tiempo que su cerebro daba demasiadas vueltas a saber si realmente la homosexualidad en algún momento de la historia estuvo mal vista, que significaba “racismo”, “Iglesia” o la enigmática palabra “Dios”.

Cogió la luz del móvil y sacó el libro arrugado del bolsillo de su cazadora, tomó el libro prohibido de Iacob Silverstone y comenzó a leer.

“El mundo de hoy en día no se parece prácticamente en nada a los últimos 2000 años, durante todo ese periodo, desde el llamado “Imperio Romano” que comprendía la parte septentrional y cierta meridional del Mediterráneo, hasta finales del siglo XX el mundo estaba dividido en tres tipos de personas. La clase alta, la clase media y la clase baja. La misión de la clase alta era mantenerse en el poder, la de la clase media suplantarla con ayuda de la clase baja, la cual su única misión era sobrevivir ante el hambre y la enfermedad.

Durante todo ese tiempo, las clases altas permanecía, por la fuerza llamada “ejército”, el dinero y la religión llamada de diferentes maneras dependiendo de cada parte del Globo Terráqueo pero cuya función era impedir la rebelión de la gente.

A finales del siglo XVIII, el aumento de la población y de la tecnología genero la “Revolución Industrial” y las revoluciones socialistas, en la cual los seres humanos empezaron a tomar otro tipo de actitud gota a gota; con mayor necesidad de culturizarse y por lo tanto reclamar sus derechos.

Fue un proceso lentísimo, pero poco a poco las sociedades empezaron a tener más acceso a la información y por tanto tuvieron mayor capacidad para reflexionar y por ello mismo a exigir lo que ellos consideraban que les habían quitado.

En los tiempos antiguos, la electricidad, los medios de comunicación no tenían capacidad de conectar unos pueblos con otros y el viaje de una parte a otra podría ser enormemente costoso existiendo solamente cien kilómetros de diferencia.
Podría hablarse de una falta de comunicación, no por errores del sistema sino por el espacio físico medido en kilómetros.

Lo que hoy es posible abarcar en una décima de segundo entre este territorio y las islas antes llamadas “Nueva Zelanda” no solamente era difícil sino imposible en la práctica, no solo el sonido o las imágenes, sino la capacidad de poder llegar más allá de los Pirineos.

El mundo solo se podía imaginar, ni siquiera se sabía dónde vivíamos, se desconocía la existencia de nuestro planeta.

Para encontrar una explicación a todo ello y para mantener a la gente esclavizada surgió una figura, llamada Dios, la imagen de un ser ultra natural que todo lo veía y todo lo escuchaba en todas partes de manera omnipresente, inmortal, y todopoderosa. Pasando por varios “formatos”, desde las religiones de Egipto, hasta la Iglesia Católica, el Islam y la religión ateísta de Asia Oriental.

La cual para ejercer el total dominio de la clase alta sobre las medias y las bajas lanzada la idea ilusoria y ridícula de que existieran el placer y el dolor después de la muerte. Existiendo un lugar de máximo placer para quienes cumplían las normas del poder llamado “Paraiso” y lugar de máximo dolor y sufrimiento para aquellos que las incumplían llamados “pecadores” llamado “Infierno”.

Esto, junto a la dificultad de comunicación hacía creer a todos los pueblos, que otros pueblos que practicaban unas creencias y disciplinas parecidas fueran malvados y hubieran de ser culturizados, a ellos se les llama “infieles” y al método “conversión” o “evangelización” que significaría lavado de cerebro.

Bien, durante muchos siglos la humanidad se mantuvo en este equilibrio, sin embargo gota a gota, el avance de la ciencia, la ingeniería y la cultura aumentaron, permitiendo a unos pueblos encontrarse con otros y encontrar más que sospechosas coincidencias.

Las palabras; “patria”, “nación” o “raza” fueron perdiendo poco a poco valor, las fronteras comenzaron a abrirse, con ellas las personas y los negocios, las uniones empezaron a incrementarse, el dinero era el único poder que existía, no era necesario defender un territorio o una cultura sino simplemente enriquecerse y tomar poder, el dinero era el idioma internacional y para ello empezó a haber un idioma internacional, una cultura internacional y unos medios de comunicación internacionales.

Era imposible el modo de vida sin poder relacionarse a grandes distancias, las personas de una raza o cultura diferentes pululaban por todos los lugares, desde Portugal hasta el estrecho de Bering, desde la península del Labrador hasta el Cabo de Hornos, desde África meridional hasta el extremo oriental de Australasia.

El intercambio genético fue quitando poder a las identidades nacionales, las lenguas y las razas, una gran cantidad de razas fue apareciendo y confluyendo en una sola, el mismo idioma: la misma diversión.

Llegamos a una aldea global en la cual cada vez se exigía más pluralidad cuando a su vez significaba menos, los gustos sexuales entre hombres y entre mujeres borraron la idea de la “familia tradicional” , el sexo, lo que diferenciaba entre hombres y mujeres acabo terminando en una confluencia de seres humanos los cuales crearon todo tipo de intersexualidades.

Antiguamente las palabras “hombre” y “mujer” hacían referencia a dos tipos completamente de personas, con roles y personalidades diferentes. Hoy en día solo hacen referencia en algunos casos a quien puede tener la capacidad de gestar un embrión durante un tiempo y quiénes no.

La experimentación genética comenzó en los vegetales, para pasar a la ganadería así de hacer alimentos más sabrosos y más sanos, para continuar con los animales domésticos, dando lugar un elenco enorme de híbridos entre lo conocido por “gatos”, “perros” o “conejos” para dar lugar a una infinidad de seres que podían acompañar a su amo sin portar enfermedades, cambiar de color e incluso adoptar los cambios de humor de su amo a fin de ser más cariñosos y útiles.

Todo ese proceso acabo modificando a los humanos de tal, modo que no solamente podía permitirle unir cualidades de los sexos ancestrales, sino de animales y de otras criaturas que en un principio solo existían dentro de sus cerebros.

Sin embargo todo este cambio no hizo que la gente fuera más ambiciosa, ni menos cruel, ni si quiera que generará menos dolor y sufrimiento entre sus semejantes.
Lo que hace cien años, en 1984, comenzó con el ordenador personal y el VHS, término siendo el centro de atención, diversión y prácticamente sentido de la existencia de los seres humanos.

Las personas no tenían la necesidad de “encontrarse” para comunicarse, las imágenes y los sonidos viajan a una velocidad inimaginable y por tanto, el odio, el amor, la amistad y la empatía se modificaron, los crímenes como la violación, la tortura o el asesinato pueden ser grabados y vistos en todos los lugares del mundo y las personas no comprender ni sentir ninguna empatía por quienes lo padecen, cualquier cosa calificada como “pecado” anteriormente, es objeto de diversión, pues la Neohumanidad dejo de tener miedo a “Dios” y por tanto dejo de tener esperanza…”

Zeo Zagart, cerró el libro, había leído demasiado y tenía demasiado miedo, más que nunca en toda su vida

 

IGNACIO F. PANTOJA

El jardín de las pasiones

Durante todos los años de su infancia Quidmi había oido maravillas a los adultos sobre jardín de las pasiones, pero siempre había tenido tanto miedo nunca acababa de estar suficientemente tentado de entrar.

Todo cambió aquel día, notaba que algo era diferente en él, algo pasaba dentro que no había sentido hasta aquella fecha y hora.

Quidmi se acercó a la enorme valla del jardín de las pasiones y recorrió su inmensa verja de marfil, cuando llegó a la entrada principal; descubrió que, a diferencia de los demás días, hoy estaba abierta.

Quidmi se interno conmovido por un espeso aroma de felicidad pero a la vez con un espantoso y terrible miedo.

El jardín de las pasiones se tornaba cada vez más hermoso, las flores eran cada vez más voluptuosas y bellas.

Las formas se tornaban redondeadas, de múltiples colores que brillaban al son de su corazón.

Entonces la vio, en el centro del jardín estaba la flor reina.

Totalmente embriagado por el aroma de su néctar se derrumbó; la flor abrió sus pétalos y le dejó entrar, él se deslizo suavemente y nadó por la miel cristalina de su interior.

No recordó como volvió a su casa, solo que, aquella noche, durmió y no se despertó jamás, mientras una gran sonrisa de felicidad permaneció en su rostro para el resto de los tiempos.

Ignacio F. Pantoja

SIRENA VARADA

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo en una aldea de Noruega habitaba un muchacho de 13 años cuya vida consistía en ayudar a su padre a recoger pescado a pocos kilómetros de la costa.

Oswald, que así se llamaba el muchacho, conocía los cuentos legendarios de las sirenas, que le contó su madre antes de morir de una grave enfermedad.

Contaba, que eran seres de piel clara, pelo rubio y ojos azules como el mar, de intensa belleza, sin embargo no tenían alma y eran criaturas, aún así, peligrosas y hostiles.

Oswald no creía del todo estas leyendas, pensaba que podían ser un invento de los marineros, ya que en alta mar a veces la mente se confundía y veía y escuchaba cosas que en realidad no existen.

Una noche Oswald, después de un extraño sueño, despertó en mitad de la noche en su saco sobre el que dormía en un pequeño establo de la aldea, junto a las vacas y ovejas.

Miró, hacia el agujero del techo y vio una intensa luna azul envuelta en neblina; estaba tan hermosa que decidió salir a verla fuera.

Abrió la puerta y fijó su imagen en la bella luna y después en el inmenso océano que brillaba con su luz.

Era precioso, nunca había visto algo tan bonito en su vida, se acerco unos metros hacia la playa; primero anduvo lentamente, después corriendo, cuando, al estar su corazón acelerado, descubrió una sombra a la orilla.

Al principio pensó que era una roca vertical, pero al fijarse más de cerca, observó algo, que en su adolescencia jamás habría podido soñar.

Era las formas perfectas de una mujer; una mujer con un cabello largo que ondulaba al viento y unos pechos redondos y voluptuosos.

Se quedó prendado de ella pese a las sombras que limitaban su visión de aquella silueta.  Nunca había visto nada tan hermoso en su vida.

Se acercó con temor, tratando de ocultar el sonido de sus pasos descalzos sobre la playa  y se aproximó a los arrecifes; entonces pudo verla a plena luz lunar.

Era una criatura esbelta, alta, delgada, con un cabello rubio, casi plateado que le llegaba hasta la cintura y con unos ojos más azules que el mar profundo.

Su belleza no se parecía en nada a las muchachas de la aldea que eran de piel morena y ojos oscuros.

De inmediato, recordó todo lo que su madre le había contado; que las sirenas salían las noches de luna llena y entonces su cola de pez se convertía en dos piernas helénicas y durante unas breves horas caminaban cerca de la orilla, para con sus dulce voz atrapar a marineros y llevárselos a las profundidades del mar donde allí servían de alimento a su gente.

Todo lo que había que hacer era deshacerse de la muda que la convertiría de nuevo en la criatura diabólica qué era y la transformaría en humana: su esposa.

Escondido tras las piedras, agazapado, buscó alrededor la cola de pez y cuando la localizó, frotó en la oscuridad un pequeño fósforo y la quemó.

Un instante después escuchó el gemido de la sirena, que sabía en el fondo de su pecho que no volvería a ver a los suyos.

Oswald, posteriormente la llevaría a su casa y la presentaría a su padre y al resto de familiares y aldeanos, todos pensaron lo mismo, pero nadie se atrevió a decir nada; ella no era como el resto, sus modales eran extraños, y su forma de hablar parecía ser de hace cientos de años, aunque pocas veces hablaba y miraba a los ojos a los demás.

Ella, llamada Karla después de su bautizo tuvo múltiples partos y dio una inmensa cantidad de hijos a Oswald, los cuales a su vez se casaron con otros aldeanos y de allí se extendieron a toda Noruega y al resto del mundo.

Se dice que aún viven entre nosotros.

 

IGNACIO F. PANTOJA