Acoso y responsabilidad

El acoso, especialmente en el ámbito escolar, es un problema terriblemente común desde hace mucho tiempo y del que parece que, por fin, la sociedad empieza a darse cuenta.

Hoy, como tantos otros días, se ha dado un caso aberrante que ha dado lugar a que Asperger España haya emitido un comunicado: Un chaval con Síndrome de Asperger ha sido agredido con lejía por tres de sus compañeras.

Entiendo, querido lector, que ahora sientas una indignación y una rabia completamente justificadas, pero antes de que sucumbamos ante la tentación de pensar que se trata de un caso aislado cuya única causa es la brutalidad y falta de empatía de estas tres niñas, me gustaría invitarte a reflexionar: Desgraciadamente, este no es un caso aislado, problemas de maltrato se dan en nuestras escuelas todos los días, y han llegado a ser la causa de no pocas muertes.

¿Podemos, como sociedad, lavarnos las manos ante la evidencia de que problemas tan serios ocurren cada día en nuestras escuelas? Unos pocos brutos no dan lugar a un problema tan grande.

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Cada persona aporta,
con sus diferencias,
un regalo a este mundo…

Cada persona aporta, con sus diferencias, un regalo a este mundo, pero no hemos creado una sociedad en la que se vea al diferente como una persona digna y enriquecedora a la que se ha de respetar, sino todo lo contrario. Un poco más de respeto hacia nuestros diversos semejantes, inculcado desde nuestra primera infancia, reduciría drásticamente este tipo de conductas.

Por otra parte, llevamos demasiado tiempo mirando para otro lado ante los casos de acoso escolar. La pasividad por parte de las direcciones de los centros escolares y de los padres de los responsables ante estas situaciones de violencia gratuita es inadmisible, pero ha sido justificada con excusas como que “forja el carácter “ (siempre, claro está, que no suponga la muerte del niño) o que “son cosas de niños” (un divertido juego de niños, al que no pocas veces se suman como buenos docentes los profesores, y que es completamente inocente aunque pueda dejar secuelas permanentes en la víctima).

Lo único necesario para que el mal triunfe es que la gente decente no haga nada. Las tres chicas no son las únicas culpables de la desgracia de su compañero, sino también aquellas personas que, viendo que algo pasaba(el acoso es gradual), no hicieron nada.

Si de verdad quieres sentirte y ser inocente de este tipo de vergonzosas calamidades, aporta tu granito de arena para ponerle solución: educa a quienes tienes cerca en el respeto, aprende y enseña maneras de resolver conflictos y malentendidos sin recurrir a la violencia, denuncia los casos de acoso que veas, sin importar quiénes sean el agresor y la victima, y anima a los colegios de tu barrio a participar en los talleres contra el acoso que organiza la policía nacional…

Y si piensas que no es tu cometido hacer esto, recuerda el último verso del poema de Martin Niemöller: ”cuando vinieron a por mí, ya no había nadie que pudiera protestar”, si permitimos que se extienda la violencia, tú y tus seres queridos podéis sufrirlo también algún día.

Me gustaría terminar mostrando mi apoyo a este chaval y su gente. Recordad que lo que otros os hagan no os define ni a vosotros ni vuestro destino y que estos terribles traumas, aunque sea con mucho esfuerzo, pueden superarse. Entiendo vuestro dolor y lo comparto, pero quiero animaros a que uséis la fuerza de esa ira e indignación que sentís para luchar contra esta injusticia y hacer de este mundo un lugar un poco mejor.

4 comentarios en “Acoso y responsabilidad

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